Arrebato!: Hay “moros” en la costa…
En las capitulaciones, que se concedieron a los moros de las distintas comarcas del reino de Granada conforme se fueron entregando, se concertó que los Reyes Católicos pondrían navíos a disposición de los que quisieran irse a Berbería. Los moros más empecinados en su fe islámica se fueron. generalmente eran familias acomodadas y poco arraigadas en la tierra las de esta primera emigración. Después de la rebelión de 1500 se marcharon los que en la disyuntiva de bautizarse o desarraigarse, prefirieron esto último. Después se castiga con la pérdida de bienes y reducción e la esclavitud fuga clandestina, A pesar de esto las fugas allende son un goteo intermitentes. El castigo se debía a que la tierra iba quedando despoblada, los que se fugaban hacían a sus convecinos cristianos viejos todo el daño que podían y ayudaban a los piratas berberiscos a preparar sus incursiones y venían con ellos de guías.. Los bienes embargados se aplicaban. a la reparación de caminos y fortalezas.
Algunos fracasan en su intento, no consiguen pasar la mar y sufren el castigo sin haber alcanzado el paraíso imaginado. Todos si no tienen algún amigo allende, cierto predicamento entre sus correligionarios, sufren desprecios y malos tratos de los moros berberiscos, hasta tal punto que algunos prefieren volverse y sufrir en su tierra la esclavitud a gozar de libertad en tierra ajena y áspera. Las fugas se convirtieron en una cadena interminable de audacias y miserias que, algunas veces, acaban en la muerte, pues los berberiscos no dudan en asesinar a los trásfugas para robarlos o les obligan a pagar una cantidad exagerada por el transporte.
Aquí si se les atrapa., son vendidos como esclavos; tanto si se les atrapa como si no, sus bienes son vendidos en pública almoneda.
Para evitar el secuestro de los bienes, los parientes de los trásfugas alegaban que estos no se habían ido voluntariamente, sino cautivados por los piratas, que eran generalmente el vehículo para la fuga. En el 1532 Isabel Raján, morisca vecina de Dalias, interpone recurso contra el embargo de sus bienes, de resultas de un proceso contra su marido Miguel Fantaní, huido a Berbería, y alega que a su marido se lo llevaron los piratas a la fuerza.
Los moriscos trásfugas se convertían en Berberia en los más encarnizados enemigos de los cristianos cautivos. <Y todos en general -dice fray Diego Haedo— son los mayores y más crueles enemigos, que los cristianos en Berbería tenemos, porque nunca jamás se hartan o se les quitan el hambre y sed y tienen lo entrañable de la sangre cristiana».
Los moriscos que, organizada su fuga, no querían irse, eran robados por los que se iban. Le ocurrió a un morisco vecino de Almería. «Juan Valenciano, estante en esta ciudad de Almería, digo que andando en la barca de Mansilla… llegaron los monfíes y estando yo en ella anoche pescando con el dicho Mansilla y su hermano, que son los que se fueron allende, llegó Robayreta con siete o ocho moriscos a la dicha plaza y entró en ella con sus gentes e diziendo que queria ir a pescar al Perdigal con el dicho Mansilla, y ansi entró y se fueron a las Salinas, y allí abordaron en tierra, y luego en tierra entraron en la barca y enbarcaron más de (quarenta moriscos y quatro mugeres y se metieron a la mar, y bisto que Itera trayción, salte a la mar y a nado salí a tierra, dexando en la barca mys bestidos que rae lebaron, y como ellos fueron navegando para Levante, Iopé con una borrica y la recogí y la truxe a esta ciudad y un morisco que use bio, me pide la burrica diziendo que es suya, que la. avía prestado a uno de los dichos monfies, y yo la e traydo aquí para la manifestar a v.iltma., para que asa en el caso lo que fuere servido y sea ye socorrido en algo, porque quedo desnudo».
Agustín, esclavo negro de Gonzalo Gutiérrez, vecino de Almería, huyó a Berbería y volvió de su voluntad. Llevado de nuevo a Berbería, esta vez por la fuerza, por unos moriscos que se fueron en una barca de Balerma, volvió, lo mandó prender el capitán Diego de Gibaje y lo mandó a la Alhambra, donde lo reclamaba su dueño.
En el 1550 se embargan los bienes de los moriscos de Dalias Alonso Abenria y Miguel Haristuan por trásfugas. En el 1552 por el mismo motivo se embargan los bienes de un morisco de Seda, García Larúti, a éste la almazara llamada del Agua, de más de veinte. de Dalias, y de otros del Fondón., Ugíjar, Albuñol y Válor. En el 1553 el grupo de trásfugas está compuesto por ocho moriscos de Berja, dos de Alcaudique y otros de Dalias, Adra, Turón, Munas, Alcolea, Laujar y Fondón. En el 1555 se van unos moriscos de Adra y se llevan varios Cristianos viejos, para venderlos en los mercados de esclavos de Berbería.
En él salieron de Balerma dos barcas de pescadores, una del Tauri y otra del Pinei, con moriscos de Dalias y consiguieron llegar a Berbería. El morisco Alonso de Madrid, vecino de la Alquería de Adra, según un convecino al. que había engañado, alardeaba de que se pasaba a Berbería «en la barca que tomaron los monfies».
El secuestro y almoneda de los bienes de los trásfugas se encomendaron al capitán general, que de 1533 a 1567 nombró abutahiristrador de tales bienes a Juan de Trillo y en el último año a Antonio Muñoz. Los alguaciles de los lugares eran los agentes ; a veces tenían que ir acompañados de soldados, pues los convecinos moriscos del trásfuga solian atacarles; lo menos que les podía pasar era que les negasen la comida y tuvieran que comer trigo y gallinas de lo secuestrado.
Generalmente los que pensaban irse a Berbería, vendían con antelación sus bienes y se quedaban con lo más viejo e inservible. En el 1556 los secuestradores encontraron en la casa de un trásfuga un colchón viejo y una camisa rota, en la de otro, dos esteras de junco, un colchón, una sábana, una caldera y un asno, tan viejos que el asno se murió a poco y lo demás no había quien lo comprase. Otros dos, hermanos, dejaron sus bienes a tan buen recaudo que no se halló el depósito. Un morisco de Dalias, al que secuestraron los bienes por error, puso pleito al receptor ante el capitán general y lo ganó, le devolvieron los bienes con las rentas producidas mientras estuvieron secuestrados.
De cuatro comarcas y subcomarcas almerienses he recogido datos de sus trásfugas durante el siglo XVI en el archivo de la Alhambra. Se registraron en total 1 500, de los que 600 eran vecinos de la Baja Alpujarra oriental que estudiamos, de los que 500 eran de Dalias y 34 de Berja, los restantes de los otros lugares de la subcomarca. De los de Dalias 400 se fueron entre 1509 y 1512, los demás entre 1530 y 1568, Eran ricos cuatro de Felix, y uno de Berja; se podían considerar acomodados uno de Beninar, que acababa construir un mesón, que terminaban de anegar las aguas del pantano, once de Dalias y seis de Berja. Eran jornaleros dos de Felix y tres de Dalias.
El capítulo de cautivos es alucinante. Era un negocio en el que intervenían a veces hasta los cristianos viejos. En julio de 1557 don Jerónimo de la Cueva procesa a Pedro de Salobra, vecino de la Alquería de Adra, guarda en la estancia de Carchuna, quien, de acuerdo con moriscos piratas, daba los rebatos cambiados a los otros guardas, cuando naves piratas aparecían en la cala de su torre, les decía que eran cristianas y atraía a los caminantes para que los cautivasen.
Una de las mas dolorosas preocupaciones de los españoles del siglo XVI, herencia de la que impusieron las circunstancias a los españoles, musulmanes y cristianos, durante la Edad Media, fue la redención de cautivos. Desde los reyes e instituciones hasta los súbditos más buen humildes contribuían con sus limosnas y su cooperación a redimirnos. Se pedía limosna, se hacían donativos, se dejaban mandas en los testamentos, por faltas leves se imponían multas para este fin. Los reyes daban ejemplo, En el 1505 redimieron a su costa doce cautivos, niños, niñas y mujeres, que tenían entre doce y veinte años, que estaban en poder de moros y judíos de Orán por lo que corrían el riesgo de perder la fe.
Aquel mismo año enviaron a su capellán Jorge de León, a sacar cristianos de Berbería y Diego de Canela rescata con dinero suyo unos cautivos en el Peñón de los Vélez de la Gomera. Con igual fin dan en el 1508 ochocientos mil maravedies a su limosnero Pedro Garcia de Atienza, capellán mayor de la Capilla Real de Granada. Antes le habían ciado otros tantos en una manda dejada por la reina Isabel en su testamento.
El Cabildo de la catedral de Almeria destinaba de vez en cuando alguna cantidad para esta obra de misericordia, considerando que “Almeria e su tierra e comarca está Frontera de África e de allí e de muchas partes suelen a veces venir moros e turcos, e otros infieles e saltea a captivar e frecuentadas veces llevar presos e captivos a los christianos”.
Como por experiencia acrece y por ser la tierra muy hostil e peligrosa… “En otra ocasión toman el acuerdo de que si algún canónigo o racionero cae cautivo, se le considere presente en el coro a todos los efectos y horas, para que los frutos de su prebenda se pueda aplicar a su rescate”.
Seguía la costumbre de los alfaquques, redentores de cautivos. Fernando Arias de Saavedra fue alfaqueque oficial desde antes de comenzar la guerra de Granada, primero con los moros granadinos y; conquistado este, reino, con los de Berbería. Abraen Ezerquiel, (que por nombre más parece judío que moro, fue un redentor espontáneo. 105 redimidos con su dinero no correspondieron, pues hube de venir al reino de Granada y con un seguro del conde de Tendilla a buscarlos. También se solían hacer canjes oficiales o particulares. Una parte de los bienes de habices se destinó a redimir cautivos.
Llevaba su abutahiristración el conde de Tendiila. Mercenarios y Trinitarios continuaban obra redemtora. Estos tenían convento en Almería e iban con frecuencia a Orán, donde tenían un hospital. De 1522 a 1569 se registran ciento sesenta y dos rescate de cautivos vecinos de sierras almerienses en los archivos de la Alhambra, Simancas e Instituto de Valencia. de don Juan (Madrid). Las formas de rescate eran le compra o el intercambio. Se llamaba alafia e negociar el rescate. Para proceder con algún sosiego y libertad, se acordaba un armisticio o se daba por acordado, durante e! cual los piratas bajaban a tierra, paseaban comían en los bodegones. Esto ocurrió Varias veces en las playas de nuestra tierra.
En abril de 1552 otros navíos de la armada de Ali Amate, echan gente a tierra en Balerma, suben a Ambroz (Dalias) apresan veinte personas y avisan que se van a detener «en la playa de Almería para concertar de los rescatar, se concertaron de darles por todos cinco mil y quinientos y cincuenta y cinco ducados». En el 1562 cuatro galeotas argelinas apresan unos cristianos en el campo de Nijar, vienen el Cañarete, envían a uno de los apresados para que vaya a anunciar alafia y lo esperan en la playa de la Garrofa o del Palmer.
Piden limosna para rescatar cautives trinitarios y mercedarios por voto de su religión, dominicos y jesuitas por caridad. En el 1568 Maria de Zapata sale fiadora de Francisco de las Parras y adelanta 240 ducados por su rescate. El mercader Hernando de Jaén rescataba cautivos en Argel, cuando se le presentaba ocasión. Una vez tomó dinero a interés del renegado Haçan Corço por tres meses, para completar el rescate de unos cautivos, que tenían cédulas de habices, pero el dinero que esperaban de los habices se retrasó veintidós meses, les acreedores lo acusaron de espía y lo echaron en el baño Afaxacansa y recogieron a los excautivos .Éstos consiguieron huir a Orán. y pidieron al conde de Tendilla que les abonase los cien ducados de las dos cédulas de habices, con los que completaron el pago de la deuda y el mercader quedó libre.
Peor suerte corrió Bernabé de Benavides, en Vélez. de la Gomera, donde quedó voluntariamente como rehén por su amigo Diego de Aguilar, para une este viniera a pedir limosna, para reunir les noventa y cuatro ducados en que se había concertado su rescate. Consiguió reunir cincuenta y dos, dejó pasar el tiempo y no volvió. Al hacer testamento recordó que su amigo seguía cautivo por él y rogó que se pidiera limosna para reunir los cuarenta y dos ducados que faltaban y que su amigo volviera.
El interesado o sus familiares solicitaban del rey o del conde de Tendílla ayuda de habices para el rescate. Corno las peticiones eran muchas y las rentas limitadas, solía concederse una cédula por valor de cincuenta ducados por cautivos y éste o su familia completaban lo que faltaba para el rescate. En el 1552 se libraron mil ducados para el rescate de las veinte personas cautivadas en el saco de Albañal y dos mil en dos veces para e! rescate de las veinte apresadas en Dalias, que erais muy pobres. Aun así no les Llegó para el rescate. Desde el 1552 al 1567 se gastaron en rescates más de veinte mil ducados de las rentas de habices.
Los moros reducidos a esclavitud estaban más baratos que los cristianos en iguales circunstancias. El rescate de un moro estaba entre los seis y los setenta y cinco ducados, el de un cristiano entre ochenta y cuatro y ciento cincuenta. En la costa norteafricana la presa y rescate de cautivos estaba montado cormo negocio, en el que intervenían piratas y mercaderes. En la costa española la reducción de piratas apresados a esclavitud era un castigo, que acabó en la pena de muerte..
Aun reuniendo el dinero para el rescate, éste era aleatorio. De las nueve personas cautivadas en Dalias en el 1552, para cuyo rescate se concedieron 450 ducados, regresó un hijo de Juan de la Hoya, seis murieron en el cautiverio y dos se islamizaron. De otras quince cautivadas en Dalias después, dos volvieron, doce murieron en el cautiverio y una islamizó. De diez cautivadas en Adra, una volvió, dos consiguieron escapar, seis murieron en el cautiverio y de una no se dice la suerte. De cuatro cautivadas en Berja dos murieron en el cautiverio, una renegó y de otra no se sabe la suerte. Estos datos corresponden a los cautivos de los que llevaba relación en la Alhambra, porque se les concedieron socorros y se procuró conocer su suerte.


